martes, 27 de mayo de 2014

PABLO IGLESIAS


El ascenso estelar de Podemos, sus cinco escaños europeos de un plumazo, además de un acontecimiento histórico, ha sido una dura bofetada para los demás partidos, que ahora se revuelven como perros rabiosos contra Pablo Iglesias, como si hubiera hecho algo malo el chico, mas que hacer alta política, política de la honrada y de la buena. Desde el PP y sus agentes periodísticos lo han acusado de chavista, procubano, radical, escracheador, marxista-estalinista, proiraní, antistema, perroflauta, friki, perrojudío, utópico, televisivo y no sé cuántas cosas más. Rosa Díez también se ha puesto histérica la muchacha porque el joven catedrático le ha comido la tostada por la izquierda, y en un arrebato de locura lo ha llegado a comparar con la fachilla Marine Le Pen, qué burrada. En el PSOE están tan ocupados con la ruina de Ferraz, con las primarias y con la mudanza de Rubalcaba (se va de la casa, no sé si ustedes se han enterado) que no han tenido tiempo de analizar la cosa. En España, cuando emerge alguien desde la izquierda que quiere cambiar la actual situación, mejorar la vida de los ciudadanos, avanzar en la socialdemocracia, se le tilda de comunista y a otra cosa. Qué falta de imaginación. Se creen que con agitar el espantajo del comunismo, con gritar que viene el coco, el gentío saldrá corriendo por la calle, pero ocurre que el gentío, el pueblo, está harto de falsas promesas, del sagastacanovismo pútrido y estéril, de las políticas del masdelomismo, del antiguo régimen y de otras estafas varias. Pablo Iglesias no tiene aspecto de demonio con cuernos, rabo y tridente, sino más bien al contrario, parece como si alguien le hubiera enroscado la cabeza de Jesucristo a un tirillas trajeado de Alcampo, eso sí, un Jesucristo a lo Max Von Sydow, que es al que más se parece. Lo que ocurre con la casta política de nuestro país, como le gusta decir a Pablo Iglesias, es que ve peligrar sus privilegios medievales, franquistas, y por eso se unen todos a una contra el advenedizo, el mesías de los parias de la famélica legión que viene de la Galilea de la miseria, del páramo desértico de la crisis, para reventarles el sanedrín/chiringuito. A Podemos le han votado más de un millón doscientas mil personas, más de un millón de votantes reflexivos e ilusionados que cuanto menos merecen un respeto, porque el voto es sagrado y el personal vota a quien le rota, que para eso es la democracia, oiga, a ver si se entera el señor Floriano de una vez. La frase quijotesca ladran, luego cabalgamos, viene más al pelo que nunca y desde el PP hasta el PSOE, pasando por IU y por UPyD, andan diarreicos, laxados de más, con el ano alborotado, como diría Miguel Hernández, porque un líder inteligente, valeroso y hasta la fecha independiente se los ha pasado a todos por el esmeril. Iglesias no es un líder comunista chapado a la antigua al estilo desarrapado y rural Evo Morales, como lo quieren pintar, sino un hombre leído y culto, gran orador y con proyección de estadista, un nuevo Felipe que puede arañar votos por la izquierda y por el centro, por la derecha y por donde haga falta, porque la desilusión y el desencanto no tienen siglas políticas y solo hacía falta que apareciera alguien con ganas de cambiar el país de verdad para que empezara el terremoto político. Si no existiera Podemos habría que inventarlo. No sé yo si llegarán a gobernar algún día, pero si este proyecto sirve para corregir los desmanes del Gobierno y la indolencia del PSOE ya sería una victoria. Que tiemble Rajoy, porque el tiempo de sus malos recortes y sus gurteles corruptos quizá se esté agotando; que tiemble el PSOE porque quizá Madina no pase de las primarias; que tiemble Cayo Lara porque a su izquierda rancia de otros tiempos le puede dar un revolcón esta nueva izquierda, la izquierda tuiter de Pablo Iglesias, una izquierda idealista con los pies en el suelo, moderna, imaginativa, honrada, peleona y callejera que quiere recuperar el espíritu decente de la democracia ateniense. Que tiemblen todos porque este Pablo Iglesias no es ninguna broma. A partir de ahora, el efecto Podemos puede ser imparable.

Imagen: www.larepublica.es

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